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Reciben amor incondicional

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Los señores José Fernando Ordaz Bencomo,  José René González González y Francisco Javier Canul Chan revelan que tener hijos especiales es una bendición de Dios

El cariño, la camaradería y el buen humor siempre acompañan a los chicos y a los papás del Club Especial Ayelem. (Martha López Huan)

 

Por Martha López Huan

Cada día del Padre, los jefes de familia reciben innumerables regalos, pero los papás del Club Especial Ayelem consideran que ellos siempre obtienen el mejor: el amor incondicional de sus chicos.

–Nuestros hijos son muy especiales en todos los aspectos, porque siempre nos abrazan, nos besan, nos muestran su amor infinito; ellos llevan el amor por dentro y lo demuestran en todo momento –aseguran José Fernando Ordaz Bencomo, José René González González y Francisco Javier Canul Chan.

En entrevista realizada en las instalaciones del Club Ayelem, ubicadas en la calle 59 del centro de la ciudad y en el marco del Día del Padre, coincidieron en señalar que festejan en la familia.

–Tener un hijo especial, ¿qué significa para un padre?

Don José Fernando Ordaz Bencomo con su hijo Ricky. (Martha López Huan)

El papá de José Ricardo Ordaz Quintal dice que es una bendición, “porque es una vida de enseñanzas, cariño, amor y lucha. Tenemos muchos momentos agradables y en ocasiones difíciles, pero al final nos deja orgullosos por lo que es y por sus logros”.

Su sonrisa se amplía y se llena de orgullo porque Ricardo ha ganado múltiples medallas de oro para Yucatán en nado, “esos logros son importantes para su desarrollo personal. Y en su desarrollo familiar, Ricky es muy cariñoso”, dice don José, quien muchas veces le ha tocado tener el rol de mamá.

–¿Qué mensaje le daría a los padres con chicos especiales?

Don José brinda una sonrisa cálida al responder: “Ante la llegada de un niño como ellos (Síndrome de Down y Parálisis Cerebral), nunca claudiquen, tenerlos es una bendición y luchen siempre por su bienestar. Dénle todo el cariño del mundo, pero lo más importante que les pido es que nunca se avergüencen de tener un hijo especial”.

“NO GUARDAN RENCOR”

Don José René González González con su hijo Pepe. (Martha López Huan)

El papá de José Isaac González Escárcega no oculta su orgullo cuando le hacemos notar que su hijo es uno de los más coquetos y carismáticos del Club Ayelem.

–Es muy cariñoso y le gustan las chicas, a todas las saluda y les da abrazos; cuando vamos por la calle, la gente le grita: “adiós Pepe” y nos llena de satisfacción saber que es reconocido. Me llena de orgullo saber que él se desenvuelve por sí mismo –señala.

Don René precisa que tiene cuatro hijos y a todos los quiere por igual, pero la diferencia que tiene Pepe es que no guarda rencor, es puro amor: “Lo regaño por algo y después viene, te abraza y te besa como si no hubiera pasado nada. ¿Mis otros hijos? Les llamas la atención y se molestan y tardan en contentarse”.

–¿Cuáles son las virtudes de un padre con un chico especial?

–La paciencia y perseverancia, porque hay que repetirles las cosas una y otra vez para que entiendan. Pepe no habla, dice medias palabras, pero se da a entender –comenta.

Los ojos de don René adquieren un brillo extraño cuando brinda un mensaje a los padres: “quieran mucho a sus hijos, gocen cada momento, sabemos que es difícil porque muchas veces tenemos que trabajar para cubrir los gastos de la casa y no podemos disfrutarlos, pero denles amor, porque no sabemos cuánto durará el futuro con ellos”.

“CARIÑO INCUANTIFICABLE”

Don Francisco Javier Canul Chan con su hijo Panchito. (Martha López Huan)

El papá de Jesús Francisco Canul Esquivel revela que cuando se tiene un hijo especial es un aliciente para seguir adelante, “cuando llegas a casa cansado después de un día difícil de trabajo, te desarma con su alegría, con su cariño o con su honestidad”.

–Si llego y me dice “papá, Francisco muy bien” significa que se portó bien y me abraza; su vitalidad te da valor para seguir adelante –explica y añade que no hay forma de medir el cariño de los chicos especiales, “sobre todo cuando te dicen que te aman”.

Don Francisco segura que tiene muchas anécdotas para contar de Panchito sobre el Día del Padre: “un día estábamos festejando y desapareció con medio pollo. Nos pusimos a buscarlo y lo encontramos debajo de la mesa ¡sin el pollo! Ya se lo había comido. En vez de regañarlo nos pusimos a reír por su travesura”.

Finalmente, don José, don René y don Francisco volvieron a coincidir en que la inocencia de los chicos no tiene límites; disfrútenlos y ámenlos porque sus virtudes son infinitas”.

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