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Campeche guarda en sus entrañas un laberinto de pinturas rupestres

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Arqueólogos del INAH revelan que las Grutas de Huachabí, cercanas a la zona de Miramar en Hopelchén, muestran “una gran obra prehispánica” que pertenece a varios periodos mayas

Figuras de extrañan belleza que describen personajes, caballos, formas antropomorfas, situaciones de la mitología maya y motivos abstractos se encuentran en las entrañas de Campeche, donde se guarda uno de los corredores más grandes e importantes de pinturas rupestres en el Sureste de México.

“Las cuevas de Huachabí, ubicadas cerca de la zona arqueológica de Miramar, en el municipio de Hopelchén, tienen más de un kilómetro de extensión y no sólo incluye pinturas rupestres, pues en el interior encontramos cerámica que pertenece a los periodos Clásico Temprano (200-600 d.C.), Clásico Tardío y Terminal (600-1050 d.C.) y Posclásico (1050-1521 d.C.),  cuenta la directora del Centro INAH-Campeche, Adriana Velázquez Morlett.

Para la arqueóloga, las más de 500 pinturas descubiertas al noroeste del municipio de Hopelchén en 2012, representan algo fuera de lo común, “son una gran obra prehispánica” que muestra a hombres, caballos, reptiles, ciempiés, serpientes, pez, mona embarazada, vasijas y motivos abstractos en zigzag.

El historiador investigador Abiud Pizá Chávez, de la Subdirección de Arqueología Subacuática del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) de la Península, explica que las Grutas de Huachabí tienen largas galerías con pinturas rupestres, similares a las de Loltún (Flor de piedra en lengua maya) en Yucatán, “quizá es una de las más importantes halladas hasta el momento”.

En la denominada cueva de Huachabí, expertos en espeleobuceo y especialistas del INAH quedaron cautivos con el importante hallazgo del arte maya que muestra figuras antropomorfas, de animales y lineales en color negro, así como otras pinturas elaboradas en tres tonos de café y arcilla roja, muy característica de esa zona campechana.

Aunque el hallazgo de las pinturas rupestres se reportó hace siete años, nuevos estudios de los especialistas de la Dirección de Arqueología Subacuática de la Península de la Yucatán, que encabeza la doctora Helena Barba Meinecke, han logrado dar realce al legado maya encontrado en medio de la selva campechana, a unos 20 metros bajo tierra y distribuida en un enorme laberinto de cuevas de hasta 40 metros de largo.

La arqueóloga Adriana Velázquez admite que el “tesoro patrimonial” de las cuevas de Huachabí, ubicadas en la región conocida como Los Chenes, no se abrirán al público por su difícil acceso, “pero los turistas sí podrán admirar las pinturas gracias a las nuevas tecnologías”.

Se contará con imágenes y vídeos del enorme laberinto de grutas que exponen el arte mágico de los mayas “que siguen en estudio, igual que más de mil zonas arqueológicas que se encuentran en territorio campechano”.

“Aún no tenemos un número exacto de las pinturas ni de la cerámica que se encuentra en las cuevas, pero sí podemos decir que es una situación sin precedentes, un tesoro patrimonial de Campeche que nos permite conocer más sobre la vida de los mayas”, precisa la directora del Centro INAH.

Las nuevas investigaciones de las grutas que están en la comunidad de Bolonchén de Rejón, a cargo de la antropóloga Barba Meinecke revelan más sobre la costumbre y arte de los habitantes prehispánicos de la Península de Yucatán.

“Las pinturas, que tienen siluetas y glifos que datan del Preclásico hasta la época de los Virreyes, siguen en estudios epigráficos e iconográficos para determinar su significado real”, explica la especialista.

Aprovecha para destacar otros asentamientos mayas, como Calokmul, Edzá y Santa Rosa Xtampak, “las tres principales zonas arqueológicas de las 16 que el INAH Campeche tiene abiertas al público”.

El historiador investigador Abiud Pizá Chávez confirma que las pinturas tienen rasgos de convenciones pictográficas precolombinas y otras que corresponden a épocas más recientes, “entre los temas más recurrentes destaca el énfasis sobre la muerte y su asociación con el inframundo, sus deidades, la fertilidad y sus ancestros”.

Se identificaron también hogueras de épocas posteriores que quizá tienen que ver con las frecuentes visitas a la cueva de Huachabí en los siglos XIX e inicios del XX.

En el laberinto de cavernas destaca el grabado de una serpiente en el techo de una galería.

La variedad en estilos, formas, colores y material utilizado para la realización de las pinturas indica que las improntas fueron elaboradas en varios periodos, incluso los especialistas del INAH Campeche consideran que algunas pueden ser anteriores a las ofrendas más tempranas identificadas en la Península, es decir, previas al Preclásico Tardío (400 a.C.).

 La arcilla color rojizo que sirvió para las pinturas es la misma que se localiza entre las grietas de algunas secciones de las grutas, “pero el negro es un material que se trajo del exterior”.

Al arte rupestre de Campeche se le denomina estilo “Vernáculo”, ya que al parecer fue realizado por gente del pueblo, “pronto regresaremos al sitio para continuar las investigaciones de campo”.

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