Revelaciones de las culturas maya y mexica

Facebooktwittergoogle_plusredditpinterestlinkedinmailby feather

Inaugura el INAH dos exposiciones en el Museo del Templo Mayor.- En una de las muestras destaca una prenda prehispánica hallada en el sur de Quintana Roo

Por Martha López Huan

01 (83)

El Museo del Templo Mayor de la Ciudad de México exhibe en sus salas objetos de las culturas mayas y mexicas, “ambas muestran la capacidad y experiencia de los profesionales del Instituto Nacional de Antropología e Historia para realizar trabajos a la altura del siglo XXI”, aseguró Teresa Franco, directora general del INAH.

Las exposiciones denominadas “Oxtankah. Lujo y poder” y “El Programa de Arqueología Urbana. Revelaciones de la arqueología mexica” estarán abiertas hasta agosto y octubre próximo, respectivamente.

En “Oxtankah. Lujo y poder” destaca una prenda ritual que fue elaborada por mayas prehispánicos, hilando más de mil 600 cuentas de concha para emular las escamas del xihua, un pez endémico y de gran valor para esa cultura.

En el 2000, al explorar una cámara mortuoria ubicada en el sur de Quintana Roo, la arqueóloga Hortensia de Vega y su equipo recuperaron la prenda que se halló cubriendo los huesos del tórax de un individuo adulto, quizá un alto dignatario maya, fallecido hace mil 500 años.

Teresa Franco relató que después del descubrimiento y recuperación del ajuar funerario, Emiliano Melgar Tísoc realizó trabajos de arqueología experimental en los laboratorios del Museo del Templo Mayor.

Su investigación permitió que la restauradora Lourdes Gallardo Parrodi recobrara la forma semicircular de la prenda para luego coser a mano cada una de las cuentas.

04 (59)

La prenda ritual de Oxtankah es una obra de arte prehispánico que, con sus 1,620 cuentas circulares nacaradas y 34 pendientes de distintos tonos rosados, remite al vasto mundo acuático que veneraba la sociedad maya, al mismo tiempo que suma nuevos conocimientos sobre los antiguos habitantes de la bahía de Chetumal.

Emiliano Melgar explicó que las piezas fueron elaboradas con cuatro especies de moluscos, de las cuales tres provienen de aguas marinas del Caribe y una de agua dulce, probablemente de Belice o del Petén guatemalteco que es zona de ríos.

–El  nácar de agua dulce emite colores claros y el de agua marina tiene tonos oscuros; los artesanos mezclaron ambas especies, lo cual indica que estaban buscando el color nacarado –explicó.

Con base en manuales especializados se determinó que las 1,620 lentejuelas fueron elaboradas con moluscos Pinctada imbricata y Psoronaias cocodrilorum. Para los 28 pendientes rectangulares y tres pares de colgantes en forma de L que forman el remate, usaron caracoles Strombus gigas Strombus alatus.

Esas especies no pertenecen al litoral de la bahía de Chetumal ni son fáciles de obtener, lo cual añade un valor cultural especial al objeto.

Con la aplicación de la metodología experimental se identificó la secuencia de manufactura de cada cuenta y pendiente. Así, se sabe que los artesanos realizaron tareas de desgaste, corte, perforación, pulido y bruñido con herramientas de basalto, pulidores y buriles de pedernal, navajas o lascas de obsidiana y trozos de piel.

El análisis iconográfico en estelas, relieves, dinteles y esculturas mayas reveló una gran variedad de atavíos, y determinó que las lentejuelas estaban unidas en forma imbricada, por ello las perforaciones son excéntricas y sólo una de las dos caras tiene brillo; estos elementos le dan un carácter de prenda, no de collar o pectoral como podría pensarse.

Por otra parte, el investigador emérito del INAH, Eduardo Matos Moctezuma, dijo que “Revelaciones de la arqueología mexica” conmemora el 25 aniversario de una de las iniciativas más exitosas emanadas del Proyecto Templo Mayor: el Programa de Arqueología Urbana (PAU).

–Ese programa ha permitido recuperar una historia que yace bajo nuestros pies, la del antiguo centro ceremonial de México-Tenochtitlan, urbe que dominó un par de siglos antes de la llegada de los españoles –explicó.

Teresa Franco y Eduardo Matos coincidieron en señalar que hay otra ciudad bajo el corazón de Ciudad de México y que el PAU (supervisado en distintos momentos por los arqueólogos Francisco Hinojosa, Álvaro Barrera y Raúl Barrera) ha sacado a la luz vestigios de poco más de la mitad de los recintos que configuraron el área sagrada de Tenochtitlan, alrededor de 80, y que abarcó lo que ahora representan siete calles del Centro Histórico.

Facebooktwittergoogle_plusredditpinterestlinkedinmailby feather

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *