Mujer suicida

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El periodista Manuel Triay Peniche. (Cortesía)

Por Manuel Triay Peniche

“Ivonne Ortega, mi gobernadora, es mi paisana, la quiero y la respeto mucho; pero, no veo que tenga la fuerza del Partido en estos momentos para llegar a ser candidata del PRI en el 2018”, respondió textualmente el líder del Senado de la República Emilio Gamboa Patrón a pregunta de un reportero durante una rueda de prensa.

D. Emilio había dado el nombre de cuatro posibles candidatos priistas a la presidencia de la República –Meade, Osorio, Nuño y Narro- cuando un reportero le preguntó si en esa lista no habría una mujer.

-Nadie ha levantado la mano, respondió el senador.

-¿Ni Ivonne Ortega?, repreguntó el periodista. Fue en ese momento cuando Gamboa Patrón descartó de los probables a la señora de Dzemul, y la respuesta de ésta no se hizo esperar, tan lapidaria como la sentencia gamboista: “Desacredito a Gamboa como autoridad moral para seleccionar a cualquier candidato. Para competir hay que convencer primero a la  militancia”.

Tras ella algunos de sus segundos hicieron diversos comentarios contra don Emilio, como Sergio Cuevas quien escribió: “Gamboa representa lo que los ciudadanos rechazan del PRI: dedazo, tráfico de influencias, favores inconfesables… ”.

Algunos dicen que la ex gobernadora, disgustada, manifestó que si Gamboa la desacreditó, ella desacredita al hijo del líder del Senado, Pablo Gamboa Miner, quien también pretende una candidatura por el mismo Partido.

Vaya usted a saber cómo se darán las cosas en un futuro inmediato, lo que es cierto es que doña Ivonne, enterada en primera persona de que no figuraba en el ánimo presidencial para la candidatura a la silla máxima del país, comenzó a buscar el apoyo de los mexicanos sin el visto bueno de su Partido, lo que es tan grave como pelearse con don Emilio, uno de los mexicanos más influyentes.

En política, en la mexicana, nadie puede o debe actuar con el hígado, todo tiene sus tiempos y sus formas, y hay que comportarse como los pescadores de fondo, con mucha paciencia y esperar el momento adecuado para jalar el cordel y enganchar la presa; si careces de esa habilidad simplemente pierdes la carnada.

Una cosa es mostrarse y pregonar a los cuatro vientos las intenciones, para ver qué se consigue, e incluso saltarse algunas cuerdas  y subir al cuadrilátero…, pero ¡enfrentar al más fuerte!, simplemente es suicida, y doña Ivonne está a punto…

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