Malos tiempos para la prensa (2)

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LA CAIDA DE UN GIGANTE

Por Manuel Triay Peniche
Cuando en 1998 el entonces rico The Washington Post declinó invertir en una pequeña empresa llamada Google nunca pensó que pocos años después se vería como un pordiosero junto al gigante de Internet que en 2013, por sí solo, recibió más publicidad que todos los medios impresos estadounidenses.
Así pues, la publicidad en los medios impresos del vecino país perdió casi dos terceras partes de su valor y pasó de 63.5 mil millones de dólares en 2000 a unos 23 mil millones en 2013.
En contraste, la empresa de Internet Google pasó de tener 73 millones de dólares en ingresos en 2001 a la galopante cifra de 53 mil millones en 2013.
Sin embargo, en ese marco, cómo podemos explicarnos que en México aún hay periódicos que conservan tirajes de 150,000 ejemplares diarios, o que hay todavía unos 400 periódicos circulando todos los días, y que en Estados como Veracruz o Tamaulipas, golpeadas severamente por el crimen organizado, haya unos 70 periódicos impresos.
Desde luego, al respecto, no todos los periódicos en el país corren con la misma suerte, como es el caso de Yucatán donde, el líder del mercado durante décadas, en menos de diez años redujo su tiraje de 68,000 y 72,000 ejemplares diarios, según fuera de entre semana o dominical, a sólo 30,000 y 33,000, respectivamente, y sus páginas disminuyeron de hasta 120 en ocasiones especiales, a sólo unas 40 ó 50 en los días de mucha publicidad.
En este medio al que hacemos referencia -hablo con propiedad porque fue parte de mi vida durante 41 años­-, los empleados laboraban con  tranquilidad seguros de estar prestando sus servicios en una de las empresas más sólidas y cimentadas del Estado y, por tanto, la preocupación por el futuro no formaba parte del menú diario. Podrían venir muchas crisis económicas pero la paga estaba asegurada y el porvenir era promisorio.
Hoy, según fuentes directas, los empleados viven la zozobra diaria de quién o quiénes se irán en el próximo de los recortes que se suceden con acelerada periodicidad, pues la empresa requiere adelgazar sus nóminas y cambia, en muchas de los casos, experiencia, entrega y lealtad por algo que le sea más económico. Quizá para unos esta sea una política económica adecuada, quizá para otros no… a diferencia de los médicos que entierran sus errores, los periodistas los exhibimos.
Insistimos, varios son los factores que influyen en la debacle de los medios impresos en este mundo globalizado pero los más dañinos parecen ser la crisis económica mundial y, principalmente, la presencia de Internet con sus redes sociales que aumentan cada día en forma por demás vertiginosa.
Como consecuencia, lo que a simple vista parece un fenómeno a contracorriente del creciente consumo de información a través de medios digitales, tiene una explicación sencilla y poderosa: una respuesta política.
En México los grandes periódicos forman parte de un conglomerado de negocios mucho más rentables, pero que necesitan de un medio para ejercer presión y ampliar opciones.
En sintonía con este modelo de negocios complementarios, el factor fundamental de los medios impresos en México es un recurso renovable y abundante: la vanidad de la clase política.­­- (Continuará).

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