Malos tiempos para la prensa (1)

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DE LA ETICA AL MEJOR POSTOR

Por Manuel Triay Peniche

(Participación en una mesa panel convocada por cinco organizaciones de ex alumnos de la UADY)

Para entrar en contexto sobre la función social y las implicaciones que tienen el periodismo y los medios de comunicación electrónicos es necesario, primero, considerar que en ambos casos la responsabilidad es la misma: convertirse en espacio para la construcción y el debate público, con miras a la democracia.
Hay que partir, desde luego, de la base elemental que es informar y a esto le añadiría: orientar, y hacerlo con respeto absoluto al derecho que asiste a nuestra audiencia de que los informantes o comunicadores se conduzcan con ética, verdad y respeto.
Difícil función la nuestra, sobre todo hoy día cuando, como es sabido, los periódicos, y los demás medios no son ajenos, padecen una crisis económica galopante que afecta por igual a todas las publicaciones, en mayor o menor grado, y pesa sobre ellos el acecho del poder político que parece regodearse en tener medios débiles, incapaces de cumplir con su tarea fundamental.
Aunque no hay un consenso generalizado, la crisis económica representa un grave problema para la subsistencia de la prensa, los periódicos se encaminan a realizar severos recortes, si es que no están en ello -como podemos comprobar en Yucatán- y siguen los mismos pasos de importantes diarios estadounidenses o europeos que incluso han desaparecido del mercado, o se han convertido en digitales, como lo hará en breve el New York Times.
En nuestro Estado, como en todo el país, los periódicos pasan por malos tiempos y de ahí el riesgo del “debilitamiento” a que nos hemos referido; sin embargo, a pesar de que cada vez tienen más corto alcance, pues apenas lo consume el 10 ó 12% de los lectores mexicanos; son éstos los que contribuyen a generar la agenda de otro tipo de medios.
Robert Kaiser, ex redactor en jefe de The Washington Post , señaló recientemente en una conferencia que  “no hay derecho a un periodismo confiable, inteligente, integral. Solamente obtenemos lo que alguien provee; y si no da beneficios a alguien, probablemente no sea producido”.
Comparto plenamente el decir de Robert y este es el eje de nuestra responsabilidad a la que estamos dando la espalda: le hemos arrebatado a nuestros lectores el derecho a una información confiable, y voy más allá, los engañamos, les mentimos y los privamos de conocer la verdad.
Este salto de la prensa escrita, de la ética al mejor postor, tiene, en los últimos años, una explicación, quizá lógica para algunos, los industriales del periodismo, pues de acuerdo con el más reciente estudio de IAB México relativo al consumo de medios digitales, el 53% de los ejecutivos en México –una audiencia tradicionalmente relacionada con el consumo de medios impresos– lee noticias en línea; el 85% revisa redes sociales mientras ve la televisión;  97% tiene facebook, y 91% dice prestar atención a la publicidad online.
Además, vale la pena considerar que al día de hoy, 65 millones de mexicanos –el 60 por ciento de la población- tiene acceso a internet y están en él un promedio diario de 7 horas con 14 minutos; 9 de cada 10 usan redes sociales y de estos el 92 por ciento tiene Facebook, el 33 por ciento compra o estudia en línea, y el mayor número de usuarios está en el rango de los 14 a los 45 años de edad.
Esos datos nos pueden ayudar a explicar el crecimiento de 31% en la inversión publicitaria en Internet con respecto a 2012, fecha del último estudio formal. Estamos hablando de 8,355 millones de pesos.
Cuando se amplía el espectro de consumidores, se observa un dato revelador y consistente: todavía el año pasado las noticias eran la cuarta categoría más buscada en Internet; hoy ocupan el octavo lugar. En otras palabras, la información se está colando a los smartphones vía redes sociales y en Yucatán ya hay un  millón de personas con teléfono celular.
De acuerdo con expertos y estudiosos, lo que está en las redes sociales es de todos y de nadie a la vez, no tienen paternidad ni propietario, la regulación y la administración están en manos de una sola persona, el dueño, que es quien decide qué sí y qué no, de acuerdo con sus intereses personales, y a esto hacía referencia Robert Kaiser.­- (Continuará)

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