Focos rojos en Yucatán

Facebooktwittergoogle_plusredditpinterestlinkedinmailby feather

Por Manuel Triay Peniche

Van siete en seis meses, siete mujeres que pagaron con su vida el ser mujeres, que sufrieron y padecieron su calidad de género; siete baldones a nuestra sociedad que parece ajena al problema, siete cruces sobre nuestras autoridades que carecen de políticas públicas suficientes y eficaces para al menos frenar este cáncer provocado por nuestro machismo.

Sí, nuestro machismo incapaz de soportar el empoderamiento femenino, nuestro machismo incapaz de ceder el espacio que por una eternidad le hemos robado a la mujer; nuestro machismo que no entiende de igualdad o paridades, que se siente menos, afectado, ofendido o ultrajado porque hoy está descubriendo que nunca fue superior a su compañera y se niega a admitirlo.

Generaciones atrás, los muy machos solían decir que la mujer debía ser como la escopeta, “todo el tiempo cargada y en un rincón de la casa”, así estaban educados. Los poetas lo decían menos feo: “tú como paloma para el nido y yo como león para el combate”, o bien, pasados los años y ya refinados un poco, decíamos: detrás de cada gran hombre hay una gran mujer.

No, ni en el rincón, ni en el nido, ni tampoco detrás. Debemos avanzar juntos, tomados de la mano, como soldados que marchan con marcialidad, en igualdad de circunstancias, con los mismos privilegios, los mismos galardones y la misma obligación; se acabaron los masculinos y los neutros, hoy somos ellas y ellos, en la misma distancia y con el mismo compromiso y obligación.

Como sociedad hemos logrado algún avance pero arrastramos grandes rezagos, la resistencia al cambio sigue aquí en nuestras formas y maneras, la violencia aún no erradicada se ha vuelto más violenta, todavía escuchamos el lacerante alarido del macho herido por la conveniencia, el egoísmo o los celos: “si me dejas te mato”, “si no eres mía, no lo serás de nadie”.

Ante ese panorama, algunas agrupaciones de la sociedad civil han puesto el grito en el cielo y le han pedido al Gobierno Federal una “alerta de violencia de género para Yucatán, para que la autoridad competente emita las recomendaciones pertinentes y suficientes al Ejecutivo del Estado para que propicie acciones de emergencia con miras a la erradicación de esa violencia.

Hacen falta políticas públicas que muevan a la sociedad para combatir la violencia intrafamiliar, la sexual, la económica, la de palabra y la física, que motive en hombres y mujeres un cambio radical para que comprendamos que se es más hombre mientras más se ama, y más mujer mientras menos se tolera y menos se somete a la voluntad de la pareja, por el sólo  hecho de ser varón.

Hacia allá vamos, pero el camino es largo y espinoso, esperemos que nuestros celos ya no cobren vivas, que se detenga la cuenta de los feminicidios en Yucatán y que cada día sea menos ancha la brecha de la igualdad y la paridad entre hombres y mujeres.

Facebooktwittergoogle_plusredditpinterestlinkedinmailby feather

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *